La campaña política está en pleno desarrollo, vuelve el baratillo de ofertas, en una absurda expresión de ofrecimientos vanos sin sustento y que se presentan solo para captar electores para el 19 de febrero, fecha en la que deberá decidirse al ganador de la contienda electoral.

Los candidatos nos hablarán de maravillas y paraísos deseados, pero ahí sigue intacta la pobreza, el consumismo, el afán de valorar lo superfluo, el despilfarro, la glotonería, mientras hay miles que se mueren de hambre y decenas de miles que no tienen un empleo y que no ingresan a un cargo por no ser “pana” del que gobierna.

La sociedad castiga al pequeño ladrón, pero vemos casi a diario las denuncias de corrupción, del latrocinio a nombre de la Patria, del robo descarado, mientras hay cuantos que no se sabe cómo llevan el pan diario a la casa. Los ladrones de cuello y corbata están a buen recaudo, aquí los inocentes, los enfermos, los pobres y necesitados, siguen a la espera del gran cambio que no aparece por más que la propaganda oficial alabe los logros. La pobreza y desigualdad sigue intacta.

Mientras no haya cambio de las estructuras imperantes, de la distribución injusta de la riqueza, habrá pobres, marginados, ladrones pequeños y ricos. Los candidatos ofrecen de todo, menos cambiar esta triste realidad que les aqueja, con besos y abrazos de última hora, no va a cambiar el país, ni el mundo; la igualdad y la riqueza sigue siendo de pocos, los miles y miles en la marginación.

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