Por Jaime Salazar

El IESS cumplió hace poco 80 años de creación, en primera instancia fue la Caja del Seguro y hoy sus siglas son el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, este aniversario debe servir para reconocer el servicio que presta y las falencias que actualmente tiene.

El Seguro Social ha sido una de las instituciones más criticadas, vilipendiadas, abandonadas, olvidadas, ultrajadas y todos los despectivos posibles que se puedan escribir, pero eso ha sido en parte con fundamento, en virtud de que el IESS no ha cubierto con las expectativas de los afiliados, los jubilados y pensiones que reciben emolumentos irrisorios, luego de haber aportado toda su vida.

El Seguro ha sido una de las instituciones que han sido tomadas como botín político, por parte de los gobiernos de turno, era un monstruo que albergaba a muchos sindicatos, a dirigentes que ganaban sumas millonarias, había una gran burocracia y un pésimo servicio, las largas colas eran su identidad y característica, el Estado le adeuda grandes cantidades, la institución fue tomada por los políticos, quienes incluso la feriaron a tal punto que casi la hacen quebrar.

Es que el IESS era y es de el Estado y había que sacarle jugo, entre la desesperación de la gente se habló incluso de la privatización del seguro como una medida para acabar con tanta inoperancia, precisamente porque estaban matando a la gallina de los huevos de oro.

Afortunadamente el Seguro está cambiando, luego de que se restituyeron sus recursos para las jubilaciones y se reconoció la deuda que el Estado tiene con la institución, las ocsas están mejorando, pero falta mucho por hacer, bastante por cambiar, cualquier cantidad de cosas para ser eficientes, las colas ya no son tan evidentes, los empleados del IESS tienen otra mentalidad, la modernización ha llegado con la tecnología, los préstamos quirografarios, las cesantías son más ágiles y da gusto hablar de la seguridad social.

No hay que olvidarse que uno de los fundamentos de la existencia de esta institución es la solidaridad, es decir los aportes de los que más tienen sirve para los que menos tienen, la atención hospitalaria no sería factible entregarla a los usuarios en los valores actuales, si no habría la obligatoriedad, uno no sabe valorar las cosas mientras las tiene, cuando las pierde, allí se da cuenta lo bueno que era y las ventajas que representaba, por eso hay que cuidarle al IESS .

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