Es un hombre pequeño, de pequeñas ideas, de efímeros empeños y de corta pelea,
tacaño en la mesura, de medir cada cosa, ajeno a la textura y al color de una rosa.

Es un hombre pequeño, ligero de ambiciones, con sombras en el ceño, experto en frustraciones.
Erudito en insidias, en excusas y celos, un rehén de la envidia de los quiero y no puedo.

Es un hombre pequeño, de una pequeña vida, que ha dejado sus sueños andar a la deriva. Se conforma con poco, no se juega por nada, porque de todos modos él recibe su paga.

Si es por él no ambiciona, ser bien considerado, una buena persona, un tipo festejado.
Es un indiferente, de abulia vitalicia, desahuciado paciente de una eterna presbicia.

Es un hombre pequeño, carne de ventanilla, un perfecto diseño de la santa rutina. Es un ser resignado a cumplir un horario, a ser siempre mandado como buen funcionario.

Es un hombre pequeño, vocal de sindicato, de anodinos ensueños, un vulgar pelagatos, de ejemplar tolerancia, obediente y discreto, para él la ignorancia nunca tuvo secretos.

Es un hombre pequeño de falaz mansedumbre, celador sempiterno, de las buenas costumbres.
Un gorrión de alas rotas, al que tienen censado, porque saben que vota como le han indicado.

Arquetipo de vida, diminuto de ingenio, se acobarda enseguida es un hombre pequeño.

Incapaz de una gesta, de ser héroe o villano, sólo lleva en la testa ser un buen ciudadano.

Soy Enrique Avilez, Hasta ahora!!

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