Por, Fray Miguel Ángel Vega Beltrán O.p

La fundación nació a raíz de una conversación sostenida entre el Dr. Andrés
Rosero y mi persona. Comenzó como Dispensario médico, de servicio social sin
fines de lucro. Funcionó como tal por tres años consecutivos (1992 – 1995) estuvo
ubicado en un local improvisado de la planta baja de la actual Unidad Educativa
San Vicente Ferrer y al ver que la afluencia de pacientes crecía cada vez más,
juzgamos a llegado el momento de transformarlo en una fundación. Solo la fe en
Dios hizo posible que este proyecto se traduzca en una ansiada realidad.
Las puertas se nos abrieron de par en par. El municipio nos donó el terreno, fungía
como alcalde de la ciudad el Sr, Econ. Marco Tafur. Mediante escritura se realizó
la donación el 14 de diciembre de 1995. Para el siguiente paso, la construcción del
edificio precisábamos de una suma elevada de dinero; recurrimos con toda
confianza a Monseñor Bernardino Echeverría que se desempeñaba como

Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibarra y le expusimos nuestro
proyecto, le gustó la idea y después de felicitarnos nos prometió ayudarnos en lo
que esté a su alcance. Acto seguido nos sugirió que redactáramos una solicitud
dirigida al representante para el Ecuador de la Arquidiócesis de Münich Sr.
Gerhard Sehäfer. Al ple de la solicitud estampó Monseñor su firma con una
motivante recomendación.
La ayuda nos llegó a corto plazo. (40.000 marcos alemanes) que nos alcanzó para
construir la primera planta. El Sr. Arq. Mauricio Acosta fue el encargado del
levantamiento del plano y de su construcción. La segunda planta fue obra de la
autogestión de la directiva.
El Estatuto original lo redactó el Sr Abg. Norberto Fuertes, mismo que fue
aprobado sin modificación alguna. El 04 de octubre de 1995 alcanzó personería
jurídica, siendo ministro de salud el Dr. Alfredo Palacio González.
Despegó la fundación ofreciendo dos servicios: medicina general y odontología.
Así se mantuvo hasta la pandemia (covid 19). La situación económica se volvía
cada vez más asfixiante, no obstante que un grupo de voluntarias, lideradas por la
Sra. Ximena Vaca trabajaron intensamente, organizando bazares cada 3 meses
durante 15 años consecutivos (2003 – 2018). Las campañas de prevención de salud,
llevadas a cabo 3 veces al año constituyeron también un aporte considerable.

En todo caso, la Fundación Santo Domingo (FSD) se autofinanció sin apoyo ni
nacional ni extranjero.
A raiz de la pandemia, la FSD cerró sus puertas (en marzo 2019) y reabrió (en
junio 2021).
Algunos de los profesionales optaron por presentar sus renuncias y había que
liquidarles.
Providencialmente, un nuevo elenco de profesionales se hizo cargo y cubrió todas
las deudas y a la vez realizaron algunas innovaciones en su estructura física,
dándole una presentación más vistosa.
La filosofía de la FSD se mantiene intacta, brindando un servicio social inclusivo
a toda clase de pacientes. Nuestra Institución nació pequeñita, pero poco a poco se
ha ido convirtiendo en un árbol gigantesco. En la actualidad, ofrece 23
especialidades, atendidas por profesionales con amplia experiencia y reconocida
capacidad.
La FSD cuenta también con modernos equipos que son una garantía para los
pacientes.

Si me preguntan, ¿dónde radica el éxito? Les respondo, primero, en la acogida
amable y afectuosa al paciente; segundo, en la administración honrada y
transparente que da confianza a todos los que hacemos la FSD, es de justicia
destacar la buena labor profesional del Ing. Juan Carlos Lima; tercero, en el valor
de la atención que es sumamente cómodo, casi simbólico y, cuarto, en la plantilla
de profesionales que prestan sus servicios incentivados por un espíritu de servicio
social, postergando lo monetario a un segundo plano.

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