Fausto Giraldo
Jamás, eso nunca, si Eugenio Espejo estaría vivó levantaría el grito al cielo escuchando semejante barbaridad, ¿el periodismo imparcial y los periodistas imparciales?, falso de falsedad absoluta.
La imparcialidad es un acto, conducta o comportamiento de queme importismo, de absoluto abandono a asumir posiciones políticas y sociales, de funcionalizarse a un esquema, modelo o estructura; la imparcialidad es una “narrativa” creada desde el poder y, en circunstancias coyunturales, del contrapoder para impedir que las voces que amplifican mensajes puedan generar debates a través de las palabras reflexivas o críticas.
¿Qué el periodismo y el periodista debe “informar la verdad de los hechos” sin abonar criterios adicionales?, absolutamente NO, cualquier persona puede dar a conocer los hechos tal como son, la formación profesional del periodista sienta el conocimiento en los argumentos epistemológicos que le permiten, más que tener una mirada, observar desde todos los lados y despejar con su sapiencia los nudos críticos que en esos hechos se suscitan e intervienen.
En lo personal yo no quiero periodistas imparciales, que cuando se comete una injusticia no sean capaces de reflexionar con indignación y se cuestione a los responsables, que cuando hay inequidades no luchen por la equidad, que no sean capaces de denunciar la corrupción o mal manejo de la cosa pública, que sean incapaces de tocar al poder por ser poder y silenciarse ante el contra poder y sus exabruptos.
Es la condición ética la que determina cuál será el posicionamiento político, social e ideológico de un periodista, su conciencia en cuanto a lo positivo o negativo, lo correcto o incorrecto, o como se diría en lo religioso: “el bien o el mal”.
Que el periodismo se “partidice” es otra cuestión, en el ejercicio profesional, sin dejar de asumir posiciones, no puede ser excluyente del acceso a la opinión y palabra del otro, de aquel que quizá no está dentro de las filas o pensamiento del partido al cual puede ser adherente el periodista, esto es distinto a la imparcialidad y también tiene que ver con la condición ética que se circunscribe en el denominado “código deontológico”, que sin duda debe ser modificado en la perspectiva de que el periodista es un ser humano que piensa, reflexiona y propone cambios en las relaciones sociales, llámese políticas y económicas, de esta sociedad decadente.