Por: Gabriel Hurtado Valencia
Como es evidente, la filosofía de la educación difiere diametralmente de la teoría de la educación, toda vez que la primera propende a la particularidad de convertir a los seres humanos en personas, lo que a su vez facilita el proceso natural del principio de reminiscencia, o sea que el verbo latino “Educere” se cumple satisfactoriamente; y, como consecuencia, la atemporalidad de las ideas. Por su parte la teoría de la educación, cumple con la simple transmisión de conocimientos; por decirlo de alguna manera: el estudiante se convierte en objeto de la enseñanza aprendizaje, priorizando la memorización de la información con el fin de la difusión y aplicación de la misma. El “ethos” nos permite interactuar con los demás y a su vez, es en el cual nos habitamos a nosotros mismos, según la definición griega. Se puede inferir: que la teoría de la educación contribuye mínimamente a desarrollar la creatividad, ya que la memorización forzosa de los aprendizajes se contrapone a la condición natural del área de la memoria.
La aplicación filosófica de la enseñanza aprendizaje o la educación formal potenciando el “por qué” y el “para qué” lleva de manera intrínseca el desarrollo del amor al conocimiento moral; de tal modo que los saberes conducen indefectiblemente a la realización del bien, cual es el cometido de la educación. Debemos tener presente que la realización del bien es el “único camino para el perfeccionamiento de las virtudes”. Ahora bien, si en el mundo se continúa aplicando la teoría de la educación: ¿Cuál es el futuro de la especie humana? Para responder a este interrogante, es necesario recordar que: en la aplicación de la teoría de la educación no se potencian las virtudes o la cualificación, por el contrario, la cuantificación es la de particular interés, extirpando la bondad natural, en este caso particular, del objeto de la educación.
Cuando vemos la actuación de la mayoría de los gobernantes de los países del mundo, nos surge una interrogante: ¿Si fueron o no favorecidos por la educación? Pues debemos entender que el fin de la educación no es la obtención de un título académico, sino el mejoramiento de la calidad humana, o sea, el logro de la “superioridad del espíritu sobre la materia”; esto solo es posible por medio de la educación en valores.
En nuestros días se cree que para gobernar se requiere de muchos títulos académicos, lo cual dista mucho de la realidad; para decirlo en buen romance: Están equivocados del medio a la mitad. Para gobernar se requiere de seres humanos que hayan alcanzado la dignidad de personas, no únicamente la de profesionales. Los que tienen solo títulos académicos creen que tienen derecho sobre los demás, salvo honrosas excepciones; de modo que los electores tienen la obligación de elegirlos a los cargos de toma de decisiones, por esta razón cuando llegan al poder se creen todo poderoso: atentan contra el pueblo que los eligió. Howard Gardner, creador de las inteligencias múltiples, dice que: los títulos académicos no hacen inteligente a quien los obtiene. El lema de la universidad de Salamanca es: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”. Finalmente esta digresión: -“Para el buen entendedor pocas palabras”.