Por Raúl Chávez
Analista político
Benditas sean las redes sociales: ese coliseo romano donde ya no hay leones, pero sí políticos devorándose entre ellos mientras el pueblo aplaude… o sobrevive. Allí, con entusiasmo digno de causa noble.
Nuestro “ilustre y protagonista” expresidente y prófugo de la justicia ecuatoriana R. Correa, vomita discursos sobre “recuperar la patria”, como si la patria se hubiera extraviado o escondido en un algún ático europeo y ahora ofrece traerla de vuelta con envoltura revolucionaria. Porque sí, la patria siempre necesita ser “recuperada” curiosamente por los mismos que la administraron antes. Vieja retórica y cansona, utilizada como el clásico de los clásicos, pero esta vez actualizado con wifi.
La telenovela continua esta vez, bajo el episodio de la conspiración, no es un accidente: es casi un requisito curricular. En este capítulo uno de los protagonistas de la novela filtró una “conversación de Correa con un ex policía — vinculado al caso por el asesinato de Fernando Villavicencio, y muy cercano a la Revolución Ciudadana, dicha conversación “revelaría la conformación de un equipo del correísmo para dar seguimiento al denominado caso Porsche y fomentar su narrativa desde esta tienda política”.
Conversaciones filtradas, lealtades movedizas, personajes secundarios con pasado dudoso… y, por supuesto, no faltó otra vez, el imprescindible “hombre de atrás”, ese famoso “influjo psíquico”, director de orquesta invisible que no toca ningún instrumento, pero decide cuándo suena cada nota. Nada ocurre si no se mueve su batuta; como diría mi vecino Guisseppe niente…
Frente a los movimientos políticos convertidos en estructuras criminales verticales, conspiradores, instigadores, – no lo afirmó yo – el país, la sociedad civil, organizaciones sociales, y ciertos políticos que aún les queda algo de verguenza, no deberían seguir ignorando los hechos que no dejan de existir, aunque quisieran hacerlo…
La narrativa se construye como una telenovela al estilo clásico, por entregas: a lo largo de varios capítulos con un tono melodramático. Hoy un caso, mañana un enemigo, pasado mañana una nueva versión de la verdad. Todo con una precisión casi artística, porque en política la realidad no importa tanto como su puesta en escena. Y aquí, el escenario siempre está listo.
Mientras tanto, el ciudadano —esa figura decorativa en los discursos— observa cómo le venden las narrativas. Se habla de justicia, pero suena a estrategia; se habla de patria, pero huele a conspiración, instigación, poder; se habla de futuro, pero todo parece un “déjà vu”.
El general Charles de Gaulle, héroe de Francia, dijo alguna vez que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos. En Ecuador, parecería que además es demasiado absurda para no tomársela con ironía. Quizás el verdadero acto revolucionario no sea “recuperar la patria”, sino rescatar el sentido común. Pero claro, eso no se viraliza tanto…