Andrea tiene 35 años y es presidenta del Comité de Cuidadoras de personas con discapacidad “Amar sin Medida” en Otavalo, provincia de Imbabura. Es madre de Ángel (9 años) y Dylan (7 años), quien fue diagnosticado con autismo y Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, por lo cual es beneficiario del Bono Joaquín Gallegos Lara (BJGL) que entrega el Ministerio de Desarrollo Humano como un apoyo económico de USD 240 mensuales para cubrir sus necesidades de alimentación, terapias y medicinas.

Cuando habla de su vida lo hace con una sonrisa que no siempre estuvo presente. “La vida me enseñó a sonreír después de haber llorado tanto”, dice. Recuerda que atravesó momentos de profunda depresión. Hoy repite una frase que se ha convertido en su lema: “Para llorar ya hubo tiempo; ahora hay que salir adelante”.

Dylan, a los 16 meses de edad, fue diagnosticado con autismo; desde ese día Andrea dice que su vida cambió. Su esposo no aceptó el diagnóstico y decidió irse, dejándola sola con sus dos hijos.

Andrea decidió ser fuerte por ellos. Recordó que su padre le había dejado unas máquinas de coser y empezó a maquilar ropa para cubrir gastos médicos, exámenes, medicamentos y terapias.

Durante esa etapa llegó a trabajar hasta 72 horas seguidas sin dormir. Apenas tenía tiempo para comer. El esfuerzo extremo terminó pasando factura y sufrió un quebranto en su salud. Ese episodio la obligó a detenerse y reflexionar. Comprendió que debía cuidarse, porque sus hijos dependían completamente de ella.

Fue entonces cuando le hablaron del Bono Joaquín Gallegos Lara que entrega para cuidadores de personas con discapacidad severa, enfermedades catastróficas o menores de 18 años con VIH. Entonces, decidió reunir la documentación y presentar su solicitud.

Recibió la visita de técnicos del ministerio quienes verificaron su situación y, al poco tiempo, incluyeron a Dylan como nuevo beneficiario. “Ese momento sentí una gran alegría. Sentí que ya no estaba sola”, recuerda.

También como parte de la corresponsabilidad del bono, fue invitada a participar en reuniones de los comités de responsables del cuidado que impulsa el ministerio como espacios de apoyo emocional, formación en cuidado y autocuidado, una red de acompañamiento. Llegó al comité “Amar sin Medida”, con el tiempo se convirtió en líder y asumió la presidencia desde donde ella también apoya e impulsa a otros cuidadores como ella para mejorar su calidad de vida.

Actualmente, 39 cuidadoras participan mensualmente en este espacio. Muchas llegan con preocupaciones y experiencias difíciles, por lo que Andrea busca que cada reunión sea un lugar de apoyo. “Siempre les digo que aquí venimos a darnos vida y alegría”, cuenta.

Celebra cada avance de sus hijos, a quienes ha inscrito en actividades como natación y crossfit. Para ella, cada pequeño logro es una victoria y reconoce que gracias al apoyo del Comité y del ministerio puede continuar con tratamientos, terapias y educación para ellos.

 

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