Por Raúl Chávez
Abogado litigante
Msc. y Esp. Sup. en Derecho Penal
Pasé algunos días fuera del país; quizá nadie lo notó, o tal vez más de uno agradeció el breve descanso que ofreció el silencio de mis opiniones. Volví, eso sí, tras recorrer caminos y destinos irrepetibles. Bajo el sol caribeño, una figura femenina me trajo a la memoria aquella vieja canción “con aires de condesa…” y entendí que hay melodías que no envejecen, solo se reciclan en la política local.
La opinión pública – esa incomoda costumbre democrática- se construye a partir de las conversaciones cotidianas sobre asuntos públicos. Los funcionarios, aunque a veces parezcan olvidarlo, son parte inevitable de ese escrutinio. No soy adversario de la actual administración, mis verdaderos “enemigos” son más abstractos y persistentes: el desorden, el tema ambiental y ecológico de la ciudad y el cantón, los déficit presupuestarios, la elegante costumbre de no ejecutar presupuestos y aún más refinada habilidad de no priorizar proyectos válidos para el desarrollo sostenible y sustentable del cantón. Tres años bastaron para confirmar que los problemas cotidianos de la ciudadanía pueden esperar. Total, el rincón mágico parece funcionar mejor como slogan que como realidad.
El trabajo de los concejales es fiscalizar y legislar, aunque en la practica ese deber se ha convertido en un ejercicio de paciencia zen. No son atendidos en sus peticiones, doy fe. El 11 de febrero solicité información sobre la recaudación de la tasa de seguridad de 2023 hasta el cierre del 2025. Un mes después, el silencio administrativo alcanzó niveles de perfección artística. Negar el acceso a la información pública no es una omisión: es una técnica “Taponarla”, diría Wolton, recordándonos que el silencio también comunica, y a veces grita más que un discurso: contención, aislamiento y una cómoda forma de autoprotección.
Mientras tanto ya se perciben los cortejos electorales: “obras” oportunamente anunciadas y discursos cuidadosamente ensayados. La gran dama con aires de condesa lo hace todo con palabras; la realidad es secundaria. Todo es ficción bien narrada. Juega con la gente como quien promete castillos en el aire, convencida de que, con suficientes promesas, el cielo queda al alcance de la mano…
La dama con aires de condesa no terminará en la memoria colectiva de quienes quieren a Otavalo, sino en un lugar mucho mas acorde con su gestión: el olvido, la indiferencia y el silencio. Gobernar desde el desprecio implica olvidar los valores republicanos. El poder, como la paciencia ciudadana, es efímero. En política – como en la vida pública -no se improvisa liderazgo con gestos altivos, no se construye legitimidad con aires de condesa- ahí están los del callejón para no aplaudir fantasías…