Quito- Se estima que el gasto medio por persona en esta temporada oscila entre los 500 y 1.000 dólares. Estos datos reflejan cómo los hábitos de compra, profundamente influenciados por dinámicas culturales y emocionales, transforman esta época en una de las más complejas para el bienestar financiero y emocional de las familias. Leticia Poole, profesora de Economía y Empresa de la Universidad Europea, y Oliver Serrano, director del Máster en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, abordan las claves para gestionar estas festividades de manera más consciente y equilibrada.
Según Poole, “el último trimestre del año representa aproximadamente el 25% de las ventas anuales globales en bienes y consumo”. Campañas como Black Friday y los descuentos navideños generan una sensación de urgencia que eleva de manera significativa el consumo privado, especialmente en bienes duraderos. Sin embargo, advierte de que, “también fomentan la dependencia del crédito, sobre todo en uno de cada cuatro hogares”.
Desde el punto de vista psicológico, Oliver Serrano analiza las emociones que acompañan esta época del año. “La Navidad evoca alegría, nostalgia y gratitud, pero también puede generar estrés, comparaciones sociales e incluso una sensación de insuficiencia. Todo esto lleva a la compra por impulso, impulsada por el deseo de cumplir con expectativas propias o externas, muchas veces amplificadas por redes sociales”, apunta el experto de la Universidad Europea. La exposición constante a imágenes idealizadas de decoraciones perfectas, regalos costosos o viajes de ensueño puede ocasionar un incremento en el gasto no planificado.
Ambos expertos coinciden en que disfrutar de las fiestas no debe ser sinónimo de endeudamiento ni de estrés. Entre las estrategias más efectivas, Poole recomienda establecer un presupuesto navideño claro, priorizar el pago en efectivo y planificar las compras con antelación para evitar decisiones precipitadas. Por su parte, Serrano resalta la importancia de entrenar la gratitud, redescubrir el significado emocional de regalar y fomentar dinámicas familiares alejadas de la presión del consumo.
Los datos positivos tampoco son ajenos a las tendencias de consumo navideño actuales. Hay señales de que cada vez más personas se inclinan por regalos sostenibles o experiencias compartidas en lugar de bienes materiales. “Hay un auge del consumo responsable y local, lo que demuestra que las personas buscan alternativas que no solo se alineen con sus valores, sino que también promuevan un impacto positivo en la comunidad”, destaca la experta de la Universidad Europea.
En la misma línea, Oliver Serrano añade que “regalar experiencias, tiempo o detalles personalizados ayuda a fortalecer los vínculos sociales y reduce el desgaste emocional que a menudo acompaña la búsqueda de regalos perfectos”.