Marco Tafur

Una de las cualidades del pensamiento neoliberal es presentarse como la única
racionalidad económica-social posible y pensable. Un pensamiento único y un camino
único. Otro pensamiento y otro camino no solo son posibles, sino necesarios y urgentes.
En el Ecuador de hoy, por tanto, es una cuestión de sobrevivencia nacional pensar,
proponer y construir una salida distinta ante una eventual desdolarización, empezando
con apropiarse de la RESERVA MONETARIA INTERNACIONAL.
Si monitorean la economía y proponen una política
económica con el propósito de garantizar los ofrecimientos de campaña y pago de la
deuda a los acreedores internacionales, es responsabilidad de la academia,
organizaciones sociales y analistas, contribuir con sus análisis a preservar el patrimonio
nacional: proteger a la población ante la arremetida del capital especulativo; defender
los salarios, la salud y la educación antes que el servicio de la deuda externa; privilegiar
la producción nacional y el empleo como pilares de una economía sustentable y segura.
Existen otros mecanismos para corregir el déficit fiscal que por años afecta directamente
a la sociedad ecuatoriana. La aplicación de las medidas económicas para contrarrestar
los saldos rojos son tradicionalmente las mismas: elevación del precio de combustibles
y servicios básicos, eliminación de exenciones de impuestos, IVA y reformas tributarias,
etc. Así como acudir a los organismos internacionales (FMI, BM, CAF, BID) para financiar
el déficit, no se diga del IESS. En estas circunstancias, lo único que se practica es un
ejercicio contable, pero eso sí aumentando considerablemente el monto total de la
deuda externa.
Para evitar la repetición de la misma receta es necesario diseñar un nuevo escenario de
política fiscal de fondo reformando el sistema tributario interno, mediante la sustitución
del impuesto a la renta por el impuesto al ingreso, y esto por una razón de ser: “el
agotamiento del impuesto a la renta (IR) que siendo demás justo y equitativo de los
tributos, lamentablemente produce una evasión generalizada que solo unos pocos – y
ciertamente, en número alarmante, no aquellos de mayores ingresos – lo paguen
convirtiéndolo así en profundamente injusto” (Ministerio de Finanzas).
Según la Superintendencia de Compañías; las grandes empresas (3.52 % del total de
compañías) venden el 82 % del total nacional, al año 2022. Es decir, 3.513 grandes
empresas de las 99.917 registradas y controladas, venden USD 115.2 mil millones de
dólares, monto superior al PIB del año; pagan USD 2.1 mil millones de dólares por
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impuesto a la renta caucionado (IRC), con una presión fiscal de solo 1.9. Existen
empresas que tributan menos del 1% de sus ventas y otras declaran pérdidas, pese a que
sus activos crecen significativamente. Comportamiento que no ha variado desde varias
décadas pasadas.
Esta es una alternativa de política fiscal cuyo objetivo es romper con políticas
tradicionales que consideran a la economía como un ejercicio de suma y resta. Combatir
la evasión tributaria es la misión del nuevo gobierno y no perseguir a emprendimientos,
pequeños negocios, taxis y buses de pasajeros, influencers, hasta medir el estilo de vida
de los ciudadanos con el nivel de ingreso declarado, que luchan por sobrevivir en una
economía excluyente y concentrada.

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