Fausto Giraldo
Con menos del 5% de credibilidad, mínimo procesamiento de leyes, decenas de condecoraciones, pugnas internas, diezmos, reparto, corrupción, juicio político presidencial y al son del “día del bizcocho” el correismo y el partido social cristiano dirigirán por los próximos dos años el comando de la Asamblea Nacional, sus integrantes captaron la mayoría de dignidades principales entre vicepresidencias y vocales del CAL.
El reelecto presidente del legislativo, al puro estilo de Fabián Alarcón, sin bancada ni bloque, con la moción de UNES asume la conducción de un nuevo periodo que es producto dijo de un “PACTO CON EL CORREISMO”. No se ha hecho público un acuerdo que especifique de que se trata este pacto, las leyes que van a impulsar y como este va a beneficiar a los ecuatorianos. Lamentablemente la experiencia nos ha enseñado que los “pactos” son obscuros y de dudosa procedencia.
“A confesión de parte, relevo de prueba” dicen los abogados, la correista Marcela Holguin, en su discurso menciona casi textualmente que es el momento de eliminar la prostitución legislativa, el reparto y la corrupción, confirma que esta entidad es un órgano político “putrefacto” cuyos directivos conocen los actos delictivos pero por sus acomodos politiqueros no los sancionan.
Se ha evidenciado que ya no es Pachacutik con su estructura propia, sino la CONAIE, quien actúa y resuelve el funcionamiento del bloque de legisladores, al menos así dejó entrever la gratitud de Zaquicela a la agrupación indigena.
Es evidente que el gobierno de Lasso, de principio a fin, es incapaz hasta para la negociación política, no aquella que interviene el “dando – dando”, la entrega de ministerios o el hombre del maletín, hablo de la capacidad de desarrollar acuerdos de gobierno para la implementación de políticas públicas en beneficio de la mayoría de ecuatorianos, no para el negocio de votos.
94 asambleístas, número promedio de votantes, constituiría está mayoría coyuntural, allí están 6 votos más de los 88 que decidieron continuar con el juicio político al presidente. Esos 6 votos, quizá otros tantos, elevaron su cotización, los votos ahora valen el doble o el triple, sea en especie o efectivo. Solo basta preguntar ¿Quién da más?, El gobierno que tiene en sus manos los ministerios, los que ponen los dólares o el correismo y socialcristianos que disponen de jugosas comisiones legislativas.
De mantenerse los 94 votos prácticamente la censura y destitución es un hecho, sin embargo, hay que mirar de cerca dos escenarios posibles:
1 La posición que tiene el vicepresidente Borrero, su lealtad a Lasso o el brillo presidencial. Desconocemos si Borrero tiene cartas bajo la manga y acuerdos o, como dice Zaquicela, pactos con la oposición bajo el título “institucionalidad y democracia”.
2 El decreto de muerte cruzada que, más allá del criterio jurídico, tal cual como sucede con el juicio al presidente, tiene un gran peso político.
Hay que, necesariamente, citar la posición de las Fuerzas Armadas en cualquiera de los dos escenarios que podrían alterar el marco gubernamental: censura y destitución o muerte cruzada.
Lo único claro es que en las calles nos matan, en los hospitales nos matan, los negocios quiebran, los trabajadores al desempleo, roban los de a pie y también los de cuello blanco, guardan el dinero en las reservas para pagar el “chulco internacional”, la sociedad se destruye y los políticos siguen de actores y actrices de esta serie de ciencia ficción denominada “poder, reparto y corrupción”.