El desempleo, el subempleo son algunos de los graves problemas que afronta nuestra ciudad, el país al igual que del resto de países de América Latina, la cifra de personas desocupadas sigue en aumento y la prueba palpable de esto, es que los ecuatorianos siguen saliendo del país con destino a los Estados Unidos y Europa en una carrera que no tiene fin.
El sistema capitalista no ha demostrado su eficacia para dar empleo a la gente, no se crean fuentes de trabajo para tener elementos productivos que aporten al desarrollo del país. Ante la falta de puestos de trabajo, los ciudadanos se ven obligados a buscar formas de obtener dinero lo más rápido posible, a veces de manera ilícita.
Los gobiernos se ven impotentes para frenar el avance del ejército de desocupados, cada vez existe más oferta que la demanda; los últimos gobiernos como parte de su campaña ofertaron la creación de plazas de trabajo en forma demagógica.
El gobierno debería incentivar una política de fomento del empleo a través de la creación de microempresas, pequeñas industrias, dando facilidades de crédito y no poniendo tanta traba para quienes quieren invertir en el país.
No es posible que nuestros compatriotas sigan saliendo a buscar mejores condiciones económicas, poniendo en riesgo su propia vida, y lo hacen no por gusto, lo hacen porque aquí se pagan bajos sueldos, aparte de ello a quien busca un empleo le piden experiencia y una determinada edad.
Hay muchos prejuicios en este país, como que las personas mayores de 40 años ya no sirvieran para trabajar, pero ese es el requisito; aparte de esto a quienes quieren hacer un préstamo para poder surgir, simplemente el sistema financiero le pide una serie de documentos que le despechen. Como el sector público está reduciendo gastos ya no tiene a dónde emplear, aquí surge la necesidad de empujar a las industrias, a las nuevas microempresas, a la iniciativa privada para empujar el carro del desarrollo y no esperar el paternalismo del papá estado.