La libertad de expresión es un derecho fundamental del hombre y piedra angular de todas las libertades consagradas en la Constitución de la República; su ejercicio pleno, es por lo tanto, una necesidad vital del pueblo ecuatoriano, un derecho irrenunciable del periodista profesional, una obligación ineludible de los medios de comunicación social y del Estado.
La libertad de expresión se plasma esencialmente en la libertad de información y de opinión a través de los diferentes medios de comunicación.
Este derecho es inalienable, por lo que le corresponde al periodista su plena aplicación, ya para satisfacer el anhelo comunitario de una información oportuna, veraz, objetiva, ya para contribuir a la correcta interpretación y orientación de los problemas en el complejo mundo en que vivimos.
Además para ofrecer distracción constructiva, reforzar e impulsar los problemas y planes de desarrollo social para luchar por la soberanía, independencia y dignidad nacionales.
Pero para que se cumplan estos derechos, el periodista está obligado a ser leal y consecuente con los principios y aspiraciones de su pueblo, de su comunidad y de su familia. No es ni puede ser neutral, porque en la sociedad humana es imposible esa neutralidad como que no sea para favorecer directa o indirectamente, intereses antipopulares.
Claro que se debe hacer respetar la libertad de expresión, pero el periodista así como tiene derecho a garantías y libertades, deberá ser ajeno al sensacionalismo barato e irresponsable, a la mercantilización de la noticia o cualquier tipo de manipuleo de la información o de la opinión que falsee, tergiverse, niegue o limite la verdad.