Amable Gonzáles
Las autoridades nacionales, los congresistas, las autoridades locales, generalmente culpan a la prensa de sus males, porque según ellos señalan, a los mass media, les cuesta mucho sacar lo bueno y magnifican lo malo de sus gestiones.
Es cierto que los medios de comunicación reproducen la cruda realidad que viven los pueblos, no se puede tapar el sol con un dedo e imaginarnos un mundo que no existe en nuestro país, a los periodistas les corresponde el papel de interlocutores entre el pueblo y sus mandatarios; en sus comentarios y noticias revela muchas veces el lado oculto de la noticia, o la parte que el dignatario no quiere escuchar.
A los seres humanos por naturaleza nos encanta escuchar cosas buenas, los excelentes que somos, pero si alguien nos hace ver los defectos o las equivocaciones, enseguida asumen que hay odio a las autoridades o hay detrás un plan siniestro de desestabilización.
Eso pasa con las altas esferas del poder nacional y local, no les gusta la crítica, pero si el adulo o la lisonja.
El papel de la prensa es informar de manera objetiva las acciones de los seres humanos, sus relaciones y sus políticas, investigar con profesionalismo y confrontar las fuentes para que la comunidad tenga una idea de un determinado conocimiento; tampoco un periodista que dirige la opinión pública debe tener vínculos con partidos políticos o exhibir con descaro su carné de afiliación a tal o cual tienda política.
La tarea de los comunicadores institucionales o Relacionistas Públicos, es resaltar lo bueno de las empresas, ponderarlos, dorar la píldora, los medios tienen que investigar para ver si esto corresponde o no a la realidad.
Es cierto que a veces los periodistas se ponen en el papel de jueces, cura, salvadores del país, intermediarios, autoridad, asunto que no debe ser así. No porque la prensa informe bastante y bien del régimen nacional o seccional, la comunidad se va a convencer de eso, cada cual es el forjador y responsable de sus actos, la prensa no tiene la culpa de las debilidades del régimen, del poder, de la autoridad nacional o seccional.