La posibilidad de obtener oro de las minas de la parroquia de Buenos Aires en el cantón Urcuquí, hizo que alrededor de unas 6 mil personas viajen a ese sitio para extraer el preciado metal, pero en condiciones de inseguridad y en medio de enfermedades.
Ecuatorianos que vienen de algunas partes del país, viven en carpas hechas con plástico de construcción con eso cubren las entradas de los túneles por donde se internan en la tierra.
La actividad empezó diciembre del 2017 cuando se corrió la voz de que se había encontrado un yacimiento de oro en Buenos Aires, por centenas llegaron a buscar suerte.
En inicio el negocio era bueno, cada bulto de piedra se vendía entre 40 y 60 dólares, de cada uno salía algo más de dos gramos de oro. Ahora los bultos se acumulan por cientos, el minero negocia cada uno en 20 dólares, pero hay gente que lo vende hasta en cinco dólares.
Las condiciones de la mina son de alto riesgo, nadie usa equipos de seguridad y los deslizamientos son frecuentes, la insalubridad es un denominador común, los desechos son arrojados en huecos que pronto se llenan de agua.
La vida es cara, una botella personal de agua cuesta 2 dólares, un plato de comida puede costar hasta 7 y una barra pequeña de chocolate se vende en dos dólares.
Los mineros admiten que el riesgo y las dificultades de negociar el producto hacen que la actividad ya no sea tan atractiva, por eso muchos abandonan la mina.
Nosotros estamos para aceptar las condiciones del gobierno, pero que nos dejen seguir trabajando, señaló un minero.
Gobernadora de Imbabura
La gobernadora de Imbabura, Marisol Peñafiel, dijo que no se trata de quitarlos de un plumazo, porque hay seres humanos que por más que estén al margen de la ley, “no podemos tomar decisiones que atenten a sus derechos, el Estado se encuentra actuando para que estos hechos no sucedan”. (Fuente Ecuavisa)
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