Por: Roberto Andrade, MBA
Solo el espíritu de los pueblos libres tienen la fortaleza para forjar la historia y vencer el analfabetismo, por eso nace el Alma Máter “PUCE SI”, el 12 de Noviembre 1.976, mediante acuerdo ministerial N. 865, y el 26 de Octubre 1.976 se inicia clases, porque un pueblo educado, anima la energía positiva donde nace la fe, la seguridad en sí mismo y el amor a la tierra, no hay obstáculo insalvable, pronto inicia la educación superior en el norte del país, es imposible esclavizar a un pueblo educado, orgulloso de sus alumnos FUNDADORES que trabajan y estudian sin descanso, porque se sabe y se siente, que cada uno de sus pensamientos y actos son contemplados por sus parejas, hijos, nietos, alumnos,, compañeros de trabajo y ciudadanía en general, que serán juzgados por las sabias enseñanzas de todos los profesores fundadores, que día a día viajaban desde la capital (Quito) a la ciudad de Ibarra.
Las cualidades de la PUCE SI son trascendentes, así lo planificaron los sacerdotes jesuitas que regentan hasta la fecha la PUCE, a la cabeza el Dr. Hernán Malo González, S.J, quienes construyeron y aprobaron con dignidad y libertad, dando sentido a la vida de cada alumno fundador, proyectados para ser líderes del futuro, como ejemplo de grandes forjadores de nuestra historia, porque fuimos guías, modelos, arquitectos y fuentes de inspiración, como la grandeza de Ernesto Proaño Morillo, la virtud de Enrique Ayala Mora, el heroísmo de Hernán Malo González, el coraje de Camilo Andrade Torres, el valor de Julio César Trujillo, la abnegación de Víctor Cevallos Vásquez, el espíritu pedagógico de Alfonso Troya, el patriotismo de Luis Andrade Galindo, la epopeya mítica de Jorge Noboa, la firmeza de Jorge Proaño Almeida, la verticalidad de Mr(r) Galo Larrea Torres, la sensibilidad de Hernán Andrade, el genio de Federico Gagliardo, la consagración literaria de César Morales Granda, el pensamiento político de Oswaldo Hurtado, la constancia de Miguel Madera, la profundidad histórica de Enrique Ayala Pasquel, el espíritu indomable de Marco Proaño Maya, la fortaleza de Guillermo Landázuri, la robusta individualidad de
José Luis Cagigal, la determinación indómica de Galo Raza, la religiosidad de Germán Onofre, la vocación científica de José Luis Cagigal, el apostolado educativo de Aníbal Guzmán, la resistencia de Fabián Raza, la lealtad de Enrique Galarza, la visión de Miguel Andrade, la dignidad de Octavio de la Torre, el valor inclaudicable de René Sánchez, la investigación de Adriano Dávila, las letras de Ramón del Salto, la oratoria y honradez de Marco Proaño Maya, el amor provinciano de Hernán Muñoz, la convocatoria intelectual de José Luis Nieto, el trabajo pedagógico de Galo Bustos, la escultura contable de Fredy Hurtado, el trabajo administrativo Luis Fuentes, la elocuencia de Luis Mejía Montesdeoca, el mistisismo de Magdalena Villacís, el espíritu indomable de Byron Cardoso, la lucha de auditoría de Guillermo Cárdenas, la labor de control Basin Bader, la perseverancia de Camilo Andrade Torres, la maestría de Carlos Triviño, el valor de Vicente Larrea, la creatividad de Adriano Dávila, la integridad de Vinicio Andrade, la infatigable investigación de Walter Jácome, la interpretación de Rodrigo Bedón, la tenacidad de Wilma Ayala, la amabilidad de Fernando Proaño, el ímpetu organizativo de Víctor Zea Zamora, la mística de coordinación Mónica Andrade(+) , la autenticidad de Fausto Chiza, la proyección profesional de Roberto Andrade Sánchez, la iniciativa pionera Nelly Terán de Meneses, la victoriosa hazaña de Alicia Arroyo, la convicción unitaria de Joaquín Silva, la intelectualidad de Luis Viteri, el talento contable Fernando Vargas, la muerte heroica de Jorge Vilarruel (+), la entereza de Luis Cevallos, la cordialidad de Marcelo Rubio, la primera dirección estudiantil Jorge Andrade, el certero basquebolista Iván Avellaneda, el deportista consumado Manuel Ayala, el coordinador estudiantil José Coral, el pagador del ejercito Vicente Pulles.