Por Raúl Chávez

Analista y Consultor político

“La democracia – decía Habermas – se sostiene en el dialogo, no en el grito. En Ecuador, sin embargo, la política ha optado por el megáfono – camina en las calles de Otavalo- antes que por el argumento. La izquierda radical del siglo XXI, agotada de consensos y alérgica al disenso, ha hecho del conflicto un método y de la polarización una virtud. Cuando el poder no llega por vías pacíficas, se reinventa el lenguaje: persecución, complot, lawfare, todo vale menos el consenso político y la autocrítica.

La participación democrática se proclama, pero se practica a mano alzada y en línea recta. No hay debate, hay consignas, no hay acuerdos, hay trincheras. Bajo el discurso de lo popular, florece el elitismo; bajo la bandera del pueblo, el ego; y bajo la promesa de trasformación, la tentación de liquidar el Estado antes que reformarlo. Así, la política deja de ser deliberación y se convierte en espectáculo: mucho ruido, pocas razones y una democracia cada vez más cansada.

La izquierda radical contemporánea, con su retorica encendida y su líder máximo prófugo de la justicia ecuatoriana, decidió que el conflicto y la polarización son sus “armas”. El compromiso político queda relegado como una debilidad “burguesa” y el Estado, lejos de ser reformado es visto como un obstáculo que conviene liquidar. El camino pacifico al poder se menciona en los discursos, pero se abandona en la práctica.

En el plano local, la alcaldesa- etiquetada irónicamente como “pequeña burguesa” revolucionaria, parece haber extraviado las lecciones de democracia participativa que su líder máximo elevo a rango constitucional. Aquella participación popular directa, tantas veces proclamada, se diluye cuando incomoda. Lo “popular” queda reducido a consigna, mientras la pedagogía política brilla por su ausencia.

No deja ser simbólico que uno de sus primeros actos en su posesión como alcaldesa, haya sido la adjudicación de un vehículo de alta gama “burgués” y con combo, a disposición un “bodyguard”, para sus actos revolucionarios ¿Qué tan popular resulta servirse de los recursos públicos para alimentar un ego con aires aristocráticos?

Aun así, en el “rincón mágico”, el conflicto social es presentado como el estado natural permanente, y episodios como el paro de octubre son reinterpretados como el capital político personal. El resultado, sin embargo, fue menos épico: una maniobra rechazada ipso facto por los verdaderos legitimarios de las protestas sociales.

Finalmente, la llamada “relación mágica” esa representación supuestamente legitima de la democracia, se completa con un “rincón mágico” donde las manos alzadas de los concejales garantizan una línea monolítica favorable a los intereses del poder local. Más que deliberación, escenificación, más que pluralismo, alineación. Un discurso que, lejos de pacificar, profundiza la ya aguda polarización política y social de Otavalo.

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