Como consecuencia de la crisis económica que vive el país, alrededor de 35 locales comerciales cerraron sus puertas en virtud de que los negocios ya no funcionaban y tenían pocas ventas.
Al bajar las ventas en los locales, a los propietarios se les hizo difícil mantenerlos, porque no podían cubrir el alto costo de los arriendos, que van desde los 300 a los 800 dólares, dependiendo del tamaño.
Algunos comerciantes señalaron que las ventas bajaron en un 50%, esto producto de la devaluación del peso colombiano, la apreciación del dólar, la baja del precio del petróleo y la serie de impuestos que se gravaron a los productos nacionales.