Por Raúl Chávez
En Ecuador, el parasitismo político consume recursos públicos y bloquea servicios esenciales: salud, educación, seguridad. La inversión se reduce y la desigualdad aumenta, mientras pocos privilegios contrastan con la pobreza y la desnutrición infantil. El país necesita ética pública, justicia independiente y una ciudadanía vigilante para frenar este deterioro. No son hechos aislados, sino síntomas de un sistema que prioriza el gasto corriente y la expansión burocrática.
En 2025, el país alcanzó una recaudación histórica de USD 21.501 millones (18,3%) del PIB). Cada ecuatoriano formalmente activo aportó, en promedio, USD. 1.188 al año. Sin embargo, esta cifra contrasta con la incapacidad para trasformar esos recursos en servicios públicos eficientes. En Ecuador, el gasto público rige por principios de sostenibilidad y transparencia.
El gobierno, impulsa en Ecuador una reforma al COOTAD (ley 70/30) que obligaría a los GAD destinar al menos el 70% de presupuesto a inversión y servicios, limitando el gasto administrativo y alineando su gestión al Plan Nacional de Desarrollo establecido en el art.280 de la Constitución.
Mientras tanto, la desigualdad se profundiza urbano-rural. Un pequeño grupo de autoridades y élites políticas reciben salarios elevados y privilegios evidentes, mientras la mayoría de los ecuatorianos sobreviven con 1.73 dólares diarios e ingresos mínimos.
La desnutrición infantil – que afecta a cerca del 17 % de los niños menores de cinco años – es quizá el indicador más doloroso de esta fractura moral. Y aunque las cifras de pobreza extrema han demostrado leves disminuciones, la realidad sigue siendo devastadora en zonas rurales, donde la precariedad continúa siendo la norma.
A esta brecha económica se suma una brecha ética tan amplia que uno podría construir una autopista de cuatro carriles… y todavía sobraría espacio para los discursos. Resulta casi conmovedor ver a ciertos actores políticos paladines de la “justicia social” transformarse, al primer llamado de la Fiscalía, en víctimas de “persecución y presos políticos”, con una velocidad que ni la física cuántica podría explicar. Y, por si fuera poco, llegan a las audiencias acompañados de sus propias barras, como si el sistema judicial funcionaría a punta de aplausos.
Todo un espectáculo. Si no fuera tan serio, sería una obra maestra de la ironía nacional….